Introducción a los goles esperados

Una de las piedras angulares de la analítica de fútbol en continuo desarrollo es el concepto de goles esperados.

Cualquier aficionado puede reconocer de forma intuitiva que no todos los lanzamientos o golpes de cabeza tienen las mismas probabilidades de acabar en el fondo de la red.

Simplemente, un lanzamiento con el pie tiene más probabilidades de acabar en gol que un remate de cabeza desde la misma posición del campo. Además, la ubicación y el tipo de lanzamiento son dos de los principales factores a la hora de calcular las posibilidades de que se marque el gol en cada oportunidad.

Entre uno de los factores contribuyentes, se incluye la forma en que se originó la oportunidad.

Por ejemplo, si la ocasión se produjo tras un quiebro rápido, que a menudo indica la cantidad de presión defensiva, o si se creó de forma más elaborada o a partir de un balón parado.

Los llamados “goles esperados” de una ocasión, a menudo abreviados como xg, se expresan en términos probabilísticos. Por ejemplo, los lanzamientos de penalti se marcan alrededor del 78% de las veces.

Por lo tanto, antes de que se lance el penalti, la cifra de goles esperados será de 0,78.

El número de goles esperados se encuentra entre 0 y 1, donde “0” indica que nunca se marcará un gol en esa oportunidad mientras que “1” señala una certeza absoluta.

En realidad, estas cifras variarán entre un ínfimo 0,01 para tiros lejanos tentativos hasta 0,6 cuando se dispara desde una distancia relativamente cercana.

Las cifras de goles esperados derivan del precedente histórico generado a partir de un gran conjunto de datos granulares de lanzamientos y la relación entre las características del tiro y el resultado real, tanto si se interpuso otro jugador en la trayectoria, salió fuera, lo detuvo el portero o acabó en gol.

Después, estos modelos se validan a partir de datos de muestra que no formaban parte de la creación del modelo original y, por ejemplo, un grupo de intentos con una predicción de acierto del 30% debería tener como resultado un 30% de goles reales.

El fútbol es un deporte en el que se marcan pocos goles, y en las mejores ligas la media de goles por partido es de 2,5. Por eso, examinando el proceso de creación de oportunidades, denotado por los goles esperados de cada oportunidad individual, es posible identificar más rápidamente los equipos que están aprovechando a una racha positiva insostenible.

El proceso de creación de oportunidades, junto a un cálculo cuantificado de cada oportunidad individual creada y encajada por un equipo es generalmente un mejor indicador del rendimiento futuro que el resultado individual positivo de dichas oportunidades, a menudo fruto de la suerte.

En su forma más simplificada, los goles esperados creados por cada equipo en un partido pueden sumarse y compararse con el resultado real para determinar si el resultado del partido es un reflejo justo del proceso de ataque y defensa de cada equipo.

Un enfoque más satisfactorio podría incluir la simulación de las probabilidades de que cada oportunidad individual acabe en gol, siempre que se tengan en cuenta los rebotes, para producir un rango y probabilidad de diferentes resultados finales.

Las probabilidades de cada resultado final (victoria del local, del visitante o empate) pueden sumarse para crear las probabilidades de los tres posibles resultados finales.

Cabría esperar que un equipo que gana partidos de manera regular al tiempo que crea menos ocasiones de goles esperados que sus oponentes recibiese mejores recompensas por sus esfuerzos en el futuro, y los resultados posteriores podrían empeorar.

De forma similar, un equipo que crea ocasiones de forma regular sin llegar a marcar podría llegar a ver recompensada su creatividad de forma más justa.

La versatilidad de los goles esperados puede ampliarse a jugadores individuales mediante simulaciones para obtener una evaluación más detallada de su registro goleador y, quizá, atribuirse más correctamente una sequía goleadora a las fluctuaciones del proceso de la conversión de oportunidades en lugar de a la típica crisis de confianza.

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